TRATAMIENTO

  • La terapia es directiva y muy estructurada. Los objetivos son muy concretos: el paciente tiene que realizar unas tareas que se deben llevar a cabo, tanto en la sesión con el psicólogo- psicóloga como en casa.
  • El paciente tiene un papel muy activo: en el transcurso de la terapia se deben rellenar registros y realizar pequeños y sencillos experimentos conductuales.
  • El paciente aprende a considerar sus creencias catastrofistas, por ejemplo: “tendré un ataque al corazón”, “me desmayaré”, como unas hipótesis a verificar, y la explicación que da el modelo cognitivo, como la hipótesis alternativa.
  • La hipótesis alternativa y la síntesis de toda la terapia se refieren a que la persona entienda que los ataques de pánico son una reacción de alarma del organismo ante una situación que es percibida como una amenaza. Y que esta reacción es adaptativa cuando el peligro es real pero que, en el caso tratado, son los pensamientos inadecuados – la evaluación de peligro – los responsables de que se desencadene una ansiedad muy elevada.
  • Se le explica al paciente, el círculo vicioso del pánico, y de hecho, una vez, se ha interiorizado toda la explicación, la mejoría se hace muy manifiesta.
Se trata de asimilar el proceso que provoca las crisis, el cual consta de 3 puntos básicos:
  1. Nuestros pensamientos
  2. Los aspectos fisiológicos: activación del sistema  simpático, 
que provoca temblor, sudoración,…
  3. Nuestra conducta.
  • Para entender esta idea, se dan materiales complementarios de autoayuda, transcripciones en algún soporte tipo CD, técnicas de relajación y visualización y se le enseña la respiración diafragmática lenta.

DURACIÓN


Para conseguir una cura definitiva, y no una simple mejora, el número de sesiones necesarias estaría entre 8 y 12. Si se quieren evitar recaídas se puede llegar hasta las 17 sesiones en función de la gravedad del cuadro.

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